
El cigarrillo
Fuma en la puerta. Cuenta marineros. El humo le tapa la cara mejor que el maquillaje.

Un archivo íntimo de los cuerpos, los faroles y los silencios que habitaron las calles más oscuras de Barcelona entre el humo, el vino y la lluvia.
"Entre el puerto y las Ramblas hubo un barrio que olía a pólvora, a incienso y a colonia barata. Nadie lo llamaba por su nombre real. Todos lo llamaban el Barrio Chino, aunque casi ningún chino vivía allí."

Fuma en la puerta. Cuenta marineros. El humo le tapa la cara mejor que el maquillaje.

El guardia baja a las once. Pide un vino, no la mira, se va. Ese es el precio del silencio.

Sube contando flores. Diecisiete hasta la seis. Veintitrés hasta la nueve. Nunca mira arriba.

Apoya la mano en el cristal. El letrero rojo parpadea. Cuando llueve, dice, los hombres tienen miedo.
"Aquí nadie preguntaba tu nombre real. Yo tenía tres."
"El farol rojo se encendía a las nueve. Antes, éramos invisibles."
"Soñaba con volver a Fujian. Nunca volví."
"Los barcos traían dinero y enfermedades a partes iguales."
Los callejones donde ocurren las historias. Pasa el cursor (o toca) sobre cada farol rojo para revelar el testimonio.

Toca un farol rojo del mapa